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hace 9 meses
[Arte]

Ve Olabuenaga poder de redes

La reconocida publicista disecciona la línea que divide al mundo real y virtual

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Ve Olabuenaga poder de redes
Foto: Especial
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Saltillo, Coah.- El dramaturgo del Siglo de Oro, Lope de Vega, escribió la obra Fuenteovejuna, en la que una ciudad entera linchó al Comendador, acusado de crimen por violación, al preguntársele a los habitantes del pueblo quién había ejecutado la justicia por su propia mano estos apuntaron “Fuenteovejuna, señor”, dando a entender que todos ahí eran merecedores de la culpa que conllevaba.

Ese es el punto de partida que la publicista Ana María Olabuenaga utiliza para su ensayo Linchamientos Digitales (Paidós, 2019) en que hace un análisis sobre la delgada línea que se rompe al acusar en las redes sociales.

Estos nuevos medios han dado paso a una “comunicación horizontal con cualquier persona, ya sea el presidente, una institución o una marca, o cualquier persona ya sea desconocida o conocida, eso hace que nos sintamos con el poder suficiente para reclamar lo que quiera reclamar. Es ahí, entre todos los que usamos las redes sociales, que se conforma un tribunal que decide qué es lo que es correcto o lo que no”, como explicó la autora a Zócalo.


El ensayo de Olabuenaga, quien ha sido creadora de publicidad para marcas internacionales y presidentes, utiliza cuatro ejemplos para desglosar el cómo en las redes sociales todos llevan un poco de juez, parte y verdugo. Personas que, llevadas por sus deseos de reivindicación hacia sus causas golpean con el mazo digital para crucificar a sus víctimas.

Estos casos son el de Nicolás Alvarado y la polémica que desató su opinión sobre la muerte de Juan Gabriel; el del académico Marcelino Perelló y sus comentarios sobre la violación del grupo “los Porkys”, y el movimiento #MeToo, que en meses pasados reveló en diversos ámbitos –música, literatura, cine–, situaciones de acoso.

Olabuenaga señala que las redes sociales son, en todo caso, una moneda con dos caras de las cuales una es una visión positiva en la democracia de ejercer la opinión sobre temas del interés personal, pero también está aquella que busca eliminar la opinión del otro ocultándose en la muchedumbre virtual.

“La tecnología es una ventana para entender a la nueva sociedad de una manera mucho más amplia y renovada. Al mirar lo social desde lo virtual te encuentras que ahí está todo lo que somos y por eso es muy complicado salir de ella
.

“Las redes sociales muestran una sociedad con mucho más poder, que se enfrenta con mucha mayor facilidad, y contrapone y condiciona sus opiniones muy frecuentemente. Además tiene poca compasión debido a la inmediatez de las redes sociales, porque eso provoca que no se pueda crear ninguna empatía ni pensar en qué sucederá”
.



No ser el monstruo

Olabuenaga muestra también el engendro en que se han convertido las personas, a través del aforismo de Nietzsche: “aquel que luche contra monstruos procure no convertirse en uno”.

“Toda sociedad debe tener sus propios monstruos, los creamos para tener algo a quien decirle ‘así no somos’, ‘así serás expulsado de la manada y la sociedad’. El tribunal digital decide qué es lo que se pueda permitir y qué no”.


La autora mira esa división que existe entre exigir justicia y dejar caer la guillotina sobre alguien. El paso de víctimas a victimarios, y testigos de una ejecución pública que olvidan la delgada línea de la Realidad Online y la Realidad Offline.

“Hay una consecuencia directa entre los hechos del mundo real y el virtual, esos mundos están unidos y tenemos que adaptarnos y entender esa nueva realidad mediática”, concluyó.


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