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hace 5 meses
[Saltillo]

Acecha crimen organizado a adolescentes en Saltillo

Jóvenes revelan cómo grupos delincuenciales los ‘seducen’ con celulares, dinero y drogas

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Acecha crimen organizado a adolescentes en Saltillo
Foto: Zócalo | Archivo
Saltillo, Coah.- Dos jóvenes en medio de un charco de sangre, la cabeza destrozada por las balas, muertos. Fueron abatidos en el enfrentamiento armado de la colonia Loma Linda. Sus excompañeros los identificaron, iban con ellos a la secundaria y después de un año murieron como integrantes del crimen organizado.

Jóvenes que intercambiaron su vida por un celular de marca, embaucados con drogas o armas. Encontraron en la delincuencia el reconocimiento, protección y sentido de pertenencia que no tenían en sus casas. Se convirtieron en “carne de cañón” de los líderes del hampa.

No serán los únicos en morir como miembros de la delincuencia organizada. Adolescentes entre 14 y 17 años que viven en las colonias Loma Linda, Mirasierra y Zaragoza han sido “invitados” para integrarse a las filas de los grupos criminales que operan en la región, a siete años de la época en la que se registraron los mayores episodios de violencia de Coahuila.

“Desde antes de la balacera muchos jóvenes que no eran de la colonia andaban en estas calles, yo veía que se metían a esa casa unos (jóvenes) más chicos que yo, con aguas y comida”, comentó un joven de 16 años que radica en la misma cuadra en donde ocurrió el tiroteo de la calle Aceitillas.

ENTRE CARENCIAS, DROGAS O ENCIERRO

Otros que tienen las mismas edades y no quieren saber nada de los grupos criminales prefieren hacer un “toque de queda voluntario” para evitar ser “reclutados”. El encierro también les sirve para mantenerse alejados del peligro de ser confundidos y detenidos por policías municipales, que reforzaron la vigilancia en el sector.

“Aquí te tienes que meter antes de las 11 para que no te carguen”, dice un adolescente de 16 años que tampoco logró ingresar a un bachillerato y optó por “meterse a trabajar”. Aunque asegura que no se uniría a ningún grupo criminal, se imagina cómo cambiaría su vida con ingresos superiores a los 600 pesos que gana en un taller mecánico.

Está seguro de que quienes “se involucran en el narco” lo hacen por el dinero, porque “están hartos de vivir así”.


PROMESAS DE RIQUEZA

Todos ellos viven en la pobreza. Crecen con familias disfuncionales, desertan de la escuela y desean lo que vende la publicidad. Son los reclutas y principales víctimas del crimen organizado, sin hacer eco en las autoridades.

“Se creen que les van a dar mucho dinero, los usan como halcones, pero al final son a los que matan o meten al bote. Los muchachitos aquí están muy descuidados por sus padres”, consideró un ama de casa del mismo sector.

Estando en la calle durante horario escolar se le preguntó a un grupo de jóvenes, que se reúnen en las esquinas de estas colonias, si estarían dispuestos a enrolarse con el crimen organizado. Al menos 3 de cada 5 respondieron que lo harían “dependiendo de cómo está la ganancia”. Desertaron de la secundaria y no ingresaron a un bachillerato.


‘TENEMOS QUE RESCATARLOS’

El secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, admitió que había al menos 460 mil adolescentes y personas jóvenes en el país reclutadas por el crimen organizado, aunque no hay otros datos oficiales que corroboren la información federal.

Según su declaración del pasado 20 de septiembre en Saltillo, durante uno de los Foros Escucha, la mayoría de los niños integrados a grupos criminales tienen funciones de vigilancia, están armados y se inician en una dinámica de criminalidad que tarde o temprano pone fin a sus vidas. Por eso el funcionario federal insistió en que “había que rescatarlos”.

Este escenario ya ocurrió una vez, cuando decenas de jóvenes en el estado fueron remitidos al Tutelar de Menores, ahora Centro de Internamiento Especializado para Adolescentes Varonil y Femenil de Saltillo, por delitos cometidos ya como integrantes de células criminales.

“La mayoría de los adolescentes no sabe que existe el Centro, durante las charlas en las escuelas quedan sorprendidos de saber que pueden ingresar por cometer alguna infracción como paga de su falta a la ley”, aseguró Mireya Franco Salas, directora del centro correccional de los menores.

Aunque actualmente suman 35 jóvenes varones internos y 31 con medidas cautelares, ninguno de ellos entró por esta causa, siendo las principales causas el homicidio y la violación.

JUVENTUD ECHADA ‘AL SACO ROTO’

“Existe la posibilidad latente de que la detención de jóvenes por nexos con el crimen organizado aumente”, admitió la funcionaria de los centros de reinserción, pues el intento del crimen organizado para irrumpir en el estado continúa.

En el caso del Centro Femenil, detalló que las cuatro jovencitas internas se vieron involucradas en encubrimiento y participación de secuestro. Todas “arrastradas” por amigos o parejas mayores que ellas, siendo aún más vulnerables para ser reclutadas. Insistió en que siempre sugieren a los menores en conferencias no dejar sus estudios y superarse a través de ellos.

Franco Salas insistió también en la necesidad de reestructurar su núcleo familiar, pues representa la principal red de apoyo y aseguró que trabajan con el Comité Técnico Interdisciplinario para impulsar este factor en la reinserción. Sin embargo, sólo una tercera parte de los padres, la mayoría de Saltillo, Torreón y Monclova, acude a visitarlos por falta de recursos.

“Sin duda, hace falta fortalecer los valores y preocuparnos del entorno social del adolescente. Saber quiénes son sus amigos, con quiénes se junta, qué hacen cuando están fuera de casa o con quiénes tienen una relación”, exhortó la funcionaria, y agregó que hay focos de atención que deben ser tomados en cuenta.

“Si vemos llegar a nuestros hijos con aparatos que nosotros no les compramos, es imposible no cuestionar cómo los consiguió. Son ellos quienes pagan las acciones de los padres, pero sobre todo las omisiones, son jóvenes echados al saco roto”, comentó.

La Red por los Derechos de la Infancia en México enfatizó que los menores inciden en delitos porque están en una situación de total desprotección familiar y del Estado, dentro de un contexto violento, que facilita al crimen organizado convencerlos de que su opción es mejor que cualquier otra.


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