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12 Octubre 2018 04:00:00
Menos violencia,  más amor
Por Ricardo Perret

México está viviendo los tiempos más violentos en su historia moderna, los secuestros, asesinatos y extorsiones siguen en crecimiento; somos el país con mayor incidencia de bullying en el mundo; alrededor de 40% de las mujeres han sufrido algún tipo de maltrato por parte de su pareja; el acoso en el mundo laboral produce más de 40 mil denuncias al año. Mientras tanto el sistema de justicia rebasado, minimizado, corrompido, ausente.

Yo soy un pacifista, no creo que la violencia sea la solución para la violencia; por el contrario, se ha demostrado que la violencia y la intolerancia generan más agresión. La intención de un Estado queda en evidencia desde el lenguaje que utiliza alrededor de este tema tan fundamental para la vida de un país. Cuando el Gobierno dice “vamos a hacerle la guerra y atacar con toda la fuerza al crimen organizado”, el crimen reacciona armándose hasta los dientes para contrarrestar el ataque. Cuando directivos escolares hablan de “darle pelea al bullying” la agresividad se incrementa en las
escuelas.

La justicia debe de aplicarse conforme a la ley, sin distinción y de forma expedita, pero siempre de manera humana. Pero en paralelo, hay mucho que podemos hacer como sociedad, comenzando en casa, asumiendo nuestra responsabilidad, para disminuir la violencia desde la paz y el amor. La agresividad de los padres se contagia a los hijos y estos la trasladan a sus compañeros; es hora de que los padres entiendan que sus hijos absorben sus emociones y replican, de manera inconsciente, sus acciones. El enfoque prioritario de los padres en objetivos materiales, de acumulación, de conquistas profesionales, provoca en ellos un gran estrés que después vierten en la dinámica familiar. Hombre y mujer que, en el entorno laboral, nutren su ego más que sus virtudes humanas y su espiritualidad, convierten el hogar en un ring de egos, en lugar de un espacio de confianza y convivencia.

El sistema educativo se ha enfocado mucho en construir habilidades técnicas y profesionales, pero se ha olvidado de promover los valores, la paz y las virtudes. La competencia se ha vuelto el esquema más recurrido en temas educativos en lugar de la cooperación; es el ego y la mente los que dominan y no el corazón. Los maestros, que viven un gran estrés en sus casas y en el mismo entorno gremial o profesional, vierten sus emociones, en ocasiones tóxicas, en sus estudiantes. Los niños y adolescentes no saben discriminar lo bueno y lo malo, toman de la autoridad lo que en ellos ven y lo integran a su vida sin filtros.

Recientemente organicé, en conjunto con la Asociación Civil México Sí Merece, de la que soy parte, un panel titulado Menos Violencia, Más Amor, en el que siete expertos en estrategias pacíficas para disminuir la violencia presentaron sus casos. Una experta en meditación nos compartió las técnicas que comparte al interior de los reclusorios, con grandes resultados; otra experta en temas de diálogo y cooperación habló sobre la capacidad para entendernos primero a nosotros mismos para después ser capaces de escuchar y ser empáticos con lo demás. Un experto de la sierra de Oaxaca nos ilustró con las grandes ventajas del Yoga para disminuir la violencia en uno mismo y llevar paz a nuestros entornos. Un gran nutriólogo nos comentó sobre el gran vínculo que existe entre la calidad de los nutrientes y el nivel de agresividad de una persona, en donde a mayor azúcar, grasas animales e hidrogenadas, mayor tendencia a la violencia en un niño y un adulto, y a más frutas, verduras, granos y semillas, mayor paz interna.

Creo profundamente que la paz de una nación comienza con la paz interna de los seres humanos que la integran y la confianza que existen entre los ciudadanos. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Valores en Práctica 2018, que México Sí Merece AC lanzó hace unas semanas, la confianza entre los mexicanos y mexicanas está en un nivel crítico. En general, desconfiamos del Gobierno en sus tres niveles y en sus tres poderes, de las empresas, del sistema educativo, de la justicia, incluso hasta de los religiosos y del Ejército. Muchos incluso desconfían de algunos de sus familiares y vecinos. Cuando no hay confianza no hay relaciones constructivas, cuando no hay relaciones constructivas no hay organizaciones sólidas y por ende no hay desarrollo.

Un estudio en los Estados Unidos siguió a 238 personas a lo largo de 75 años de su vida para buscar entender cuál era el secreto de una feliz, y concluyó que la clave de la felicidad era tener RELACIONES EMOCIONALES Y SIGNIFICATIVAS.

Múltiples estudios han concluido, por su parte, que la clave para construir relaciones emocionales y significativas es la CONFIANZA entre las partes. Así, si no hay confianza entre los mexicanos y mexicanas, sus instituciones, las organizaciones, el potencial de paz y felicidad estará limitado.

Ricardo Perret

Se dedicó por 18 años a la innovación empresarial. Ha realizado más de 200 proyectos de investigación e innovación en 12 países. Desde hace 5 años se dedica a la innovación y transformación personal. Ha escrito 11 libros. Fundador de La Montaña, Centro de Transformación y de la AC, México Sí Merece.
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