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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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05 Abril 2020 04:00:00
El oráculo de Macuspana
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La nación, o al menos una buena parte de ella, está en espera del mensaje que hoy domingo habrá de dar el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante el cual, se supone, delineará el plan de su Gobierno para hacer frente a la anunciada crisis que, según todos los pronósticos, se nos viene encima. No pocos opinadores han dedicado sus recientes artículos al tema, intentando descubrir qué podrá decir el hombre que ocupa la silla presidencial. En lo personal, considero ejercicio inútil hacer predicciones sobre el contenido del mensaje, pues López Obrador es impredecible, para decirlo amablemente. Su especialidad consiste en desconcertar a los ciudadanos, y quien esto escribe se declara incompetente para adivinar lo que hará o dirá. En pocas palabras, parafraseando la expresión de moda: “Entiendo que no le entiendo”

Se diría que estamos ante el oráculo de Delfos, cuyas respuestas a quienes les hacían preguntas eran tan enrevesadas y oscuras, que el preguntón estaba obligado a interpretarlas. Eso no era nada fácil. Se requería mucha inteligencia y mucha suerte para atinarle a lo que quería decir el famoso oráculo con sus predicciones sobre el futuro. Pues, hagan de cuenta, como decían en los ranchos, hoy, los habitantes de este sufrido país contamos con nuestro oráculo de Macuspana, que parece tener como tarea primordial sorprendernos con sus actos y sus declaraciones.

Dos joyas engarzadas recientemente en la ya pesada corona de paradojas:

¿Por qué el publicitado saludo a la madre del “Chapo” Guzmán? ¿Fue, como dice nuestro oráculo made in México, gesto de caballerosidad hacia una señora de más de 90 años? ¿Así saluda a todas las nonogenarias? El gentil saludo presidencial, como se sabe, coincidió con el cumpleaños del hijo predilecto del “Chapo”, Ovidio, el mismo que fue liberado tres horas después de su detención en el célebre y bochornoso “culiacanazo” del 14 de octubre de 2019.

Día nefasto, si los hay, cuando el Gobierno dejó de ser Gobierno en la capital del estado de Sinaloa, al someterse al chantaje de la delincuencia organizada. Y fue a la abuelita del hombre que puso de rodillas a su Gobierno a la que López Obrador saludó de mano después de caminar hacia la camioneta donde ella se encontraba. ¿Usted entiende?

El jueves pasado, en la mañanera, el tabasqueño lanzó otra de sus frases incomprensibles, asegurando que la crisis de salud y económica ha venido “como anillo al dedo” para afianzar la cuarta trasformación. Me niego terminantemente a someter a mi escasa imaginación buscar sentido a estas palabras por temor a provocarme un épico jaquecón.

¿Una pandemia que está matando a miles en el mundo y no pocos en México, y una crisis mundial cuyo impacto, según los pesimistas, puede retrotraer nuestra economía hasta 7% resultará finalmente benéfica? Perdón por la insistencia, pero entiendo que no le entiendo.

¿Cómo afianzará a la 4T –sea lo que sea eso– cuando hay el temor bien fundamentado que pandemia y crisis mundial llevará a centenas de empresas a la quiebra y, por consecuencia, dejará desempleados a miles, quizá centenares de miles de mexicanos? Hasta los colosos de la economía, como Estados Unidos, prevén un porvenir cargado de nubarrones, mientras a México, asegura López Obrador, la situación le viene como “anillo al dedo” y saldremos fortalecidos del problema. ¿Ceguera? ¿Exceso de optimismo? ¿Evasión de la realidad?

No me pregunten. Ya les dije: hace rato entendí que no le entiendo.


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