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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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27 Febrero 2020 04:07:00
Egocentrismo presidencial
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Muchos de los problemas del presidente Andrés Manuel López Obrador nacen de dos formas de actuar, las cuales tienen la misma raíz. Una es la obsesión de imponer sus ideas por encima de la opinión de expertos o incluso de la lógica. Está convencido de saber con exactitud cuáles son los problemas del país y de poseer la fórmula de resolverlos. Se trata de una manifestación de egotismo que le impide admitir opiniones contrarias a la suya. Por eso, en vez de rebatir puntos de vista no acordes a su manera de pensar, toma el camino fácil de la descalificación.

Otra de las manifestaciones de su egotismo es interpretar como ofensa personal las críticas a su forma de actuar. De ambos defectos de carácter ha dado muestras en los últimos días, creándose problemas que amenazan con crecer hasta provocar a su Gobierno una crisis de consecuencias impredecibles.

Su afán de imponer la agenda, sin tomar en cuenta las circunstancias, lo metió en el problema con el movimiento feminista y la convocatoria a las mujeres de no participar en la vida nacional el próximo lunes 9 de marzo.

El tropezón que detonó el malestar femenino nació de que la realidad no coincidió con su agenda. Durante la acostumbrada conferencia mañanera afloró un tema de los feminicidios que estaba en el sentir de la sociedad, pero no en el del Presidente. Cuando la intervención de algunos periodistas se enfocó en los feminicidios, tema ajeno a su agenda, un López Obrador visiblemente exaltado pidió –quizá sería más exacto decir: exigió– que ya no se hablara de asesinato de mujeres, para que los feminicidios no opacaran la ridícula rifa del avión sin avión.

Resulta increíble la falta de sensibilidad de un político de la experiencia de López Obrador, al actuar de esa manera. Pero es que, para él, y por lo tanto debería ser para todos, la rifa por él organizada es más importante que los 10 feminicidios cometidos diariamente en México y el reciente asesinato de unas menores de edad.

Esto lo llevó pronto a personalizar el asunto. Y de eso se encargó en buena medida su señora esposa, quien en un principio apoyó el movimiento parista y minutos después lo condenó, ofreciendo al mismo tiempo apoyo a su marido. Así, una legítima y comprensible expresión de inconformidad femenina se convirtió en movimiento opositor al Gobierno, que el mismo Presidente se encargó de oficializar, digámoslo así, al hablar del involucramiento de la derecha en la organización.

Pensar que el mundo gira en torno a su persona, se manifestó al comentar el artículo del Wall Street Journal (WSJ) donde se hablaba de la existencia del Gobierno de un solo hombre en México. ¿Cuál fue la respuesta del tabasqueño? Muy sencilla: Los periodistas del WSJ no conocen la historia de México al compararlo con Santa Anna y con Porfirio Díaz, cuando el primero ocupó 11 veces la presidencia de la República, y Díaz se mantuvo en el poder más de 30 años, mientras él apenas tiene 15 meses al frente del Gobierno.

Egocentrismo puro. Fundamentado o falso, lo realmente preocupante es quiénes leyeron el artículo. Lo leyó una élite mundial capaz de decidir el destino de sus enormes riquezas, dónde invertir o hacer las ampliaciones de sus gigantescos conglomerados industriales. ¿Pensó el Presidente el daño que una opinión así puede causar a la ya de por sí famélica economía de México? Claro que no. López Obrador solo pensó, como acostumbra, en López Obrador.
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