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21 Julio 2019 04:00:00
Cambia dirigencia en Hacienda, no el rumbo económico
Silvia Garza.- Una de las principales funciones de cualquier secretario de Hacienda es poder decir no, de manera justificada y con respaldo técnico, a las decisiones políticas que interfieran con el buen desarrollo económico del país. Decir no es una de las cosas más difíciles que hay en la vida, y más cuando se le dirige a un político, generalmente acostumbrado a pedir consejo para validar sus propias opiniones y no aceptar las de los demás. Contados son los políticos que están dispuestos a escuchar y aún menos los que están dispuestos a rectificar.

El dr. Carlos Urzúa es un magnífico economista que enfrentó el eterno dilema de su gremio: decirle al Presidente que está equivocado, que la economía no se puede inventar en un escritorio. Que la vida económica de un país es algo más complejo que sumas y restas. Sobre todo, que la economía es una ciencia compleja que lamentablemente no se puede poner a prueba en un laboratorio: se trata de las vidas, aspiraciones y el bienestar de millones de personas.

En un documento de investigación del Fondo Monetario Internacional, titulado Las Funciones en Evolución y la Organización de los Ministerios de Finanzas, publicado en 2015, se mencionan tres aspectos clave que determinan la función de un secretario de Hacienda: 1) El creciente papel del gasto público en la economía, tanto en tamaño como en alcance, haciendo que la estrategia en la asignación de fondos públicos sea determinante del éxito o fracaso de un país; 2)
El creciente rol de las finanzas internacionales en los asuntos domésticos, de modo que un secretario de Hacienda no sólo debe supervisar “sus propias cuentas” sino las de un mercado global con infinitud de aspectos que considerar; y 3) La vasta normatividad para atender las tres funciones operativas básicas de un secretario de Hacienda, a saber: la definición de políticas económicas (principalmente la fiscal), las funciones regulatorias y las funciones transaccionales (deuda y asignación de fondos federales, principalmente).

México no es la excepción. A medida que el rol del Gobierno se ha extendido en la vida pública de nuestro país, también lo ha hecho el papel del secretario de Hacienda. Es incomparable la complejidad que enfrenta hoy ese cargo en comparación, por ejemplo, con la que tenía Antonio Ortiz Mena en los años 60, uno de los referentes continuos del presidente López Obrador para ese puesto.

Cuando en los días recientes se me convocó para aprobar la ratificación del dr. Arturo Herrera como sustituto del dr. Urzúa, se me presentó un dilema: por un lado el saber que el dr. Herrera es también un buen economista, con conocimiento de la hacienda pública de México, por lo que sus capacidades no están en duda; pero, por otro lado, saber que en el cargo no podrá decir que no al presidente López Obrador, de modo que para fines prácticos no podrá ejercer sus capacidades. Por eso opté por decir no a su ratificación.

Fue un no porque México se encuentra en un momento de quiebre, si no es que hacia la quiebra, pues los argumentos de política económica así lo indican: el dr. Urzúa estuvo en desacuerdo con el principal instrumento de planeación que es el Plan Nacional de Desarrollo, el cual no cumplió con los requisitos mínimos constitucionales y la Ley de Planeación. Este solo hecho habla de las profundas diferencias con el Presidente. Setenta páginas de contenido ideológico al margen de la opinión del entonces Secretario de Hacienda, fueron determinantes para abandonar la Administración.

A los asuntos que ya son de todos conocidos (Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Transístmico), el de mayor peso para mí es el desa-cuerdo con la desarticulación de la hacienda pública de México: centrar todo el proyecto de desarrollo de México en Pemex, destruir institucionalmente programas y operaciones que tomaron al país décadas desarrollar y transformar la generación de valor presente y futuro (Producto Interno Bruto y capital social) en favor de sectores no productivos en materia económica pero rentables políticamente. Éste último punto es central para entender la gravedad de la situación: México se aleja de cualquier posibilidad de desarrollo sostenible.

El dr. Urzúa fue muy claro: la Secretaría de Hacienda es mucho más que una oficina de compras gubernamentales, tiene el deber de advertir al presidente López Obrador los riesgos previsibles que sus acciones generan. Mientras Estados Unidos crece a tasas aceleradas aquí se metió el freno. Y ya suenan los tambores de una recesión, que les puedo asegurar va a llegar más pronto de lo que quisiéramos cuando las agencias calificadoras ratifiquen lo que ya sabemos: que el plan de Pemex, del que depende todo el Plan Nacional de Desarrollo, simplemente no da. Cuando esto pase, no se diga que no fuimos advertidos.

Nos leemos la próxima semana. ¡Muchas gracias!
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